Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano–Cortina 2026 quedarán grabados como una de las ediciones más memorables para el deporte español. No por la cantidad de metales frente a países con mayor tradición invernal, pero sí por su significado: España ha conseguido tres medallas en una sola edición, todas ellas en el esquí de montaña (ski mountaineering, o skimo), una disciplina que vivió su estreno olímpico en este ciclo.
Y detrás de esas tres preseas hay dos nombres que ya forman parte de la historia del deporte español: Oriol Cardona Coll y Ana Alonso Rodríguez.
Oriol Cardona Coll, nacido en Banyoles (Girona), es uno de los referentes del esquí de montaña internacional desde hace años. Campeón mundial de sprint y dominante en la Copa del Mundo de la especialidad, Cardona llegó a Milano–Cortina como uno de los favoritos. Antes de estos Juegos, había ganado el circuito de la Copa del Mundo en sprint y en relevos mixtos, y se había proclamado campeón del mundo de sprint, experiencias que lo prepararon para gestionar la presión en la cita olímpica.
Ana Alonso Rodríguez, por su parte, tiene una historia de superación que acompaña a su talento. La esquiadora granadina sufrió una grave lesión de rodilla apenas unos meses antes de los Juegos, lo que puso en duda su participación. Su recuperación, velocidad de adaptación al terreno exigente y claridad táctica la convirtieron en una rival sólida en las pruebas de velocidad del esquí de montaña.
El sprint: precisión y velocidad en montaña
La primera gran alegría para España llegó en la modalidad de esprint individual del esquí de montaña. En esta prueba corta, intensa y explosiva —con subidas, bajadas y transiciones en apenas unos minutos—, tanto Cardona como Alonso lograron subir al podio.
Ana Alonso fue la primera en dejar huella: con una remontada progresiva en las rondas clasificatorias, concluyó en tercera posición y se colgó el bronce olímpico femenino. Más que un resultado, fue la confirmación de que su retorno tras la lesión había sido completo y competitivo.
Pocos minutos después, Oriol Cardona hizo historia. En la final masculina, dominó la carrera con solvencia, gestionando cada sección con una combinación de potencia y técnica que le permitió separarse de sus rivales y cruzar la meta como campeón olímpico. Esta victoria no solo significó una medalla de oro, sino también el primer oro olímpico para España en deportes de invierno desde 1972, cuando Francisco “Paquito” Fernández Ochoa ganó el slalom en Sapporo.
Ese doble podio en sprint —oro y bronce— no solo fue una muestra de la profundidad competitiva de España en esta disciplina, sino un momento de resonancia histórica. El esquí de montaña, tradicionalmente más asociado a países alpinos, había colocado a España en la élite desde el momento de su estreno olímpico.
El relevo mixto: trabajo en equipo bajo presión
Solo dos días después del esprint, el esquí de montaña ofreció otra prueba emocionante: el relevo mixto. En esta modalidad, cada equipo está formado por un hombre y una mujer, que se turnan en segmentos que combinan subidas, descensos y transiciones rápidas. La clave no es solo la velocidad individual, sino la coordinación, la fluidez en los cambios y la gestión de ritmo entre ambos relevistas.
España, representada por Ana Alonso y Oriol Cardona, completó una carrera sólida y equilibrada frente a rivales con mayor tradición en la disciplina. Hubo incertidumbre al cruzar la línea de meta: una penalización inicial amenazaba con descartar su posición. Tras la revisión, la sanción se confirmó como mínima (solo tres segundos), lo que permitió a la pareja asegurar el bronce en una prueba en la que Francia y Suiza ocuparon las posiciones de oro y plata, respectivamente.
Este podio finalizó la participación española en los Juegos con un brillante total de tres medallas, situando a España no solo en el cuadro de honor del skimo olímpico, sino también marcando un hito histórico para el deporte español en citas invernales.
Más allá de los metales: lectura de conjunto
Las tres medallas de España —oro de Cardona, bronce de Alonso en sprint y bronce en relevo mixto— no solo representan un éxito competitivo: simbolizan la consolidación de una disciplina y de un enfoque técnico que puede tener recorrido más allá de una edición singular.
El hecho de que el esquí de montaña haya irrumpido en el programa olímpico y que España, con tradición mayoritaria en escalada, trail running o ciclismo, haya encontrado aquí una ventaja competitiva, habla de un modelo de deporte con potencial. Pero también plantea preguntas sobre cómo construir infraestructuras, programas de apoyo y estructuras de entrenamiento en un país donde deportes como el alpino tradicionalmente no han contado con un apoyo equivalente al de las naciones alpinas.
De los cinco metales que España había ganado en 102 años de presencia en Juegos Olímpicos de Invierno, tres llegaron en 48 horas en Milano–Cortina 2026. Eso convierte esta actuación no solo en la mejor de la historia reciente, sino en un punto de inflexión para el deporte invernal español.
Un legado para el futuro
Las gestas de Oriol Cardona y Ana Alonso quedarán como capítulos inolvidables en la crónica del deporte español: un oro olímpico tras 54 años, un doble podio en una disciplina nueva y una medalla de equipo que coronó una actuación histórica. Pero más allá de las medallas, lo que queda es la proyección de un deporte que ha sabido traducir resistencia, técnica y estrategia en rendimiento máximo cuando la presión era más alta.